domingo, 10 de julio de 2011

Crónica de dos navarros en el exilio.

1er día: miércoles 6 de julio.

¡Que raros sois los seres humanos¡ Cuando decís que os tomáis vacaciones, hacéis unas cosas de lo mas raras.

Me llamo Yerathel y soy un ángel. Mi encargo es cuidar a dos humanos que se hacen llamar Marian y Carlos. Mi trabajo, no os lo vayáis a creer, no es nada fácil. Como decía, los humanos hacéis cosas muy raras. ¿No decís que estáis cansados?. Lo que no entiendo es que en lugar de tumbaros a dormir y descansar, decidís coger un montón de cosas y salir a lo que le llamáis «la aventura». Eso es lo que pasó el miércoles. Mis protegidos cargaron el coche con ropa, botas de monte y bicis y salieron dirección a un lugar llamado Pirineos.

Tengo que reconocer que el sitio es bonito. A la entrada del pueblo hay un cartel que pone Luz Saint Sauveur. Nada mas llegar, mis protegidos se pusieron muy contentos, pues había ciclistas por todos lados. No entiendo esta alegría, porque era gente que venia sudada y con aspecto de haber hecho un esfuerzo muy importante.

El resto del día se dedicaron a instalarse en el hotel y preparar las bicis. Otra cosa sería que se preocuparan mas de mí y menos de las bicis. Francamente, yo me conformaría con una oración al día para que mi Jefe supiera que estaba haciendo bien mi trabajo (y eso que me lo ponen complicado).

2º día: jueves 7 de julio.

Mi horario de trabajo es muy amplio: siempre estoy levantado (bueno, casi siempre) antes de que se levanten mis protegidos. Hoy se han despertado a las 7,45 con no sé qué ritual que había que ver y que llamaban encierro. Esto tampoco lo entiendo, la gente se pone delante de los toros para demostrar que corren más que ellos, cuando es bien sabido que ningún humano (ni ése al que llaman Usain Bolt) corre más que un toro.

Yo ya había mirado por la ventana y las nieblas ocultaban todos los montes. No hay problema: para pasar todo el día en la cama durmiendo no es ningún problema que las nieblas estén tan bajas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando bajan a desayunar y se preparan para coger ese artilugio que tantos quebraderos de cabeza me da: la bici. ¡Pero adonde van¡ ¡Que no se ve nada¡

Les oigo hablar de ni quedarse durmiendo, que hay que mover las piernas. Emprenden la marcha hacia Lourdes. Tengo mas trabajo del que esperaba, ya que la carretera está bastante mojada y no quiero que den con sus huesos en el asfalto.

Pasan Pierrefitte y se paran en un pueblo llamado Argeles-Gazost. Se sientan tranquilamente en una terraza con un café, pero por la cara que ponen no debe estar nada bueno.

Reemprenden la marcha por una vía verde asfaltada por la que se puede circular sin que molesten los coches. A partir de Pierrefitte comienzan a subir. No sé qué gusto le sacan a esto de la bici porque yo les veo sudar y no van precisamente descansados. Llegan al pueblo que está junto al cartel de Luz Saint Sauveur. No entiendo el nombre del pueblo porque aquí siguen metidas las nieblas. Hago lo que puedo por entenderles, pero por mas que lo intento no lo consigo: tienen caras de satisfechos y hablan de que tienen las piernas cansadas.

Por lo menos se sientan en una plaza a comer un bocadillo que tiene buena pinta (han comprado pan y un embutido que ponía campagnarde). Tras el bocadillo nos dirigimos (yo voy siempre donde vayan mis protegidos) a un sitio que tiene un gran cartel que pone «Thermes Luzea». Yo esperaba que ese iba a ser el sitio donde definitivamente descansarían y dormirían. Pues no. Se ponen un traje de baño, les dan un albornoz y una toalla y se pasan toooooda la tarde metidos en varios tipos de torturas. Había uno que le llamaban jacuzzi: era una piscina de agua caliente con burbujas que meneaban todo el cuerpo. Otro era el hamman: allí había mucha humedad y hacia mucho calor. También una sauna (debe ser un tipo de tortura china a juzgar cómo sudaban los que estaban dentro). También encontramos piscinas de varios tipos, hidromasaje,... En fin, que nos pasamos toda la tarde allí dentro, con lo mal que le sienta la humedad a mis alas.

Cuando dieron por terminada la sesión, salimos de allí. Aunque tenia caras de satisfechos, tuvieron que sufrir mucho a la luz de lo arrugados que tenían los dedos de las manos por tanta humedad que habían tenido que soportar.

Después de cenar, se fueron a dormir. Esperemos que mañana se dediquen a descansar y tenga finalmente vacaciones.

Marian y Carlos Burguete


2 comentarios:

Pako dijo...

Como se lo montan algunos.

CICLOTURISTAS DE NAVARRA dijo...

Y algunas.

El Azote

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