sábado, 10 de julio de 2010

Crónica del 8 de Julio

¡Hola! Me llamo… ¡Vaya, creo que nadie me ha puesto aún nombre! Bueno, de todas formas tengo un cuadro, dos ruedas y un manillar. Sí, soy una bicicleta. Encima de mí se sienta un tipo al que todo el mundo le llama Carlos. El día 8 me sacó del trastero de par de mañana y nos fuimos por la Avinguda de la Diputació dirección Salou. No sé por qué, pero al rato comenzó a mirar la hora, un poco nervioso y se dio la vuelta. De frente vimos a dos compañeras, en concreto dos Pinarello, que se dieron la vuelta. Comenzaron a hablar de no sé qué de la coordinación de los K’s. Finalmente, nos pusimos en marcha y salimos de Cambrils. A pesar de los comentarios de la descoordinación, comenzamos a rodar bien organizados. Pasamos por Riudoms y Les Borges del Camp. Fuimos hacia Montbrió y Riudecanyes. Allí subimos una cuestica que yo creo que no era para tanto. El sujeto que iba encima mío le dijo al de una Pinarello que le había marcado un 12%. Supongo que no era para tanto. Pasamos por un pueblo que se llamaba Vilanova d’Escornalbou. De ahí nos dirigimos hacia Mont-Roig y l¨Hospitalet de l’Infant. Allí uno de las Pinarello desapareció y la otra le siguió. Yo me quedé en un cruce para ver si volvían. Como no aparecían nos metimos en el pueblo y en una rotonda nos encontramos a las dos Pinarello. El dueño de la roja (le llamaban Chusmi) le ofreció agua al que va encima mía.

De l’Hospitalet nos quedaban 20 kilómetros a Cambrils totalmente llanos. Rodamos a buen ritmo. Alcanzamos a otras dos bicis que se unieron a nuestro grupo. Los jinetes estuvieron un rato de amena charla, hasta que llegamos a Cambrils. Nos despedimos de las dos Pinarello y fuimos hacia casa. En la penúltima curva antes de entrar en el garaje me acordé de lo que decía el jinete de una de las Pinarello al que llaman Hektor: “¡qué manía tienen en este pueblo de regar las calles!". Pues efectivamente, al hacer mención de tomar la curva se me fueron las dos ruedas y mi jinete se dio un buen topetazo contra el suelo, produciéndole un buen número de erosiones (en la pierna, en el glúteo y en el brazo). Yo me estropeé el freno trasero y se me descentraron las manetas. A la tarde me llevaron a un taller, en el que al día siguiente ya me habían dejado como nueva.

Al que creo que no le han llevado al taller es a Carlos, que aún tiene unas cuantas heridas de la caída que sufrimos los dos. En fin, espero que sea la última vez que nos pase. Mi jinete suele decir que hay tres tipos de ciclistas:

- Los que se han caído.
- Los que se van a caer.
- Y los que se van a volver a caer.

Como mi jinete no está en condiciones de escribir y a mí ya me han dejado perfecta, hoy me toca a mí escribir la crónica. Espero que mañana volvamos a la carretera.

Hasta otra.

(No firmo porque aún no me han puesto nombre).

3 comentarios:

Pako dijo...

En mi pueblo te llaman " la burra", jejeje

Pako dijo...

Supongo que vendréis todos con unos cuantos kg de menos, con el calor que tendréis por ahí. Aquí algunos días rondamos los 38, por lo que más beberrrrrrrrrrrr, y no precisamente agua.

Héktor dijo...

Buena crónica flaquita. Espero que tu dueño se recupere pronto y solo sea chapa y pintura.

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