miércoles, 7 de julio de 2010

6- 7 de julio - ¡Viva San Fermín! - Por Carlos y Marian

El lunes 5 de julio, a las cuatro de la tarde, tras terminar con todas las obligaciones laborales, Marian y yo emprendimos el camino hacia Cambrils. La idea era mejorar el tiempo establecido por Hektor (4 horas). Empezamos con un ritmo alegre: Marian se pone a tirar y yo voy tranquilamente a rueda casi sin esforzarme: de hecho me quedé dormido y me desperté poco antes de Figueruelas. No sé si hace viento, ya que las ventanillas las llevamos cerradas y con el aire acondicionado tampoco nos enteramos de si hacía calor.

Después de Zaragoza soy yo el que toma el relevo y seguimos con ritmo alegre hasta Cambrils (eso sí, siempre dentro de las velocidades que nos permite la Dirección General de Tráfico).

Finalmente mejoramos el tiempo de Hektor en 15 minutos: el coche se ha portado bien y las bicis han ido cómodamente encima del Thulé. El trabajo más duro fue descargar todo el coche, pero gracias a que estamos fuertes, también superamos esta prueba con creces.

Por fin amanece el día 6. Hoy comenzaremos las fiestas. Marian y yo, para comenzar bien el día, nos levantamos a las siete menos cuarto. Para las siete y media estamos en la carretera y vemos que el Departamento de Tráfico de la Generalitat a esas horas aún no había terminado de poner todas las carreteras. La idea era soltar un poco las piernas y que Marian siga con su rehabilitación. Su objetivo es estar en forma para sacarme los ojos después del verano.

Nos subimos hacia Riudecanyes. Es una carretera que poco a poco, sin enterarte, va subiendo. La ida se hizo muy dura por el fuerte viento de frente que nos pegaba. En ocasiones no conseguíamos pasar de 15 kms./h. Cuando nos damos la vuelta, la diferencia fue bestial: no bajábamos de los 35 kms./h.

Al llegar a Cambrils el guión estaba claro: ducha refrescante, vestirnos de blanco y salir hacia Vilafortuny (a golpe de calcetín) porque nos esperaba el resto del pelotón del Egüesibar en el exilio, en la playa para lanzar el chupinazo. Llegando a meta me di cuenta de que me había olvidado el GPS y no encontrábamos la sede del lanzamiento del chupinazo. En Pamplona es relativamente fácil: no hay más que seguir a todos los que van manchados de vino y con botellas de cava, pero en Cambrils… era un poco más complicado. Finalmente llegamos al lugar (gracias a que Hektor nos dio las instrucciones precisas a través del móvil). Nos juntamos un buen número de navarros en el exilio. Llegadas las 12, con puntualidad catalana, el alcalde en funciones, se encargó de lanzar el chupinazo. Hay que advertir que llamamos a la Barcina para que prendiera el cuete (también llamado cohete en otras regiones de España), pero declinó la invitación porque tenía otro compromiso a esa misma hora, que no entiendo que pudiera ser más importante que estar con el Egüesibar. Así pues, se nombró alcalde en funciones a Alejandro (el hijo de Hektor y Montse) y se dirigió a saludar a los asistentes y prender la mecha del cuete. La tecnología nos falló en los primeros intentos, pero finalmente, con cierto retraso, el cuete, dejando un fuerte rastro de humo sanferminero, cruzó el cielo tarraconense y explotó, dando inicio a las fiestas de Sanfermín en el exilio. Toda la concurrencia se puso el correspondiente pañuelico sanferminero y comenzó una juerga que tardará muchos años en olvidarse en Cambrils. Las buenas formas y la decencia me obligan a no relatar lo que ocurrió tras el chupinazo, pero para que nos demos una idea de su envergadura, Rubén y Alejandro reunieron catorce tapones de botellas de cava, y los platos de gambas, mejillones, sardinas, fritos, empanadillas y otras viandas típicas de la zona fueron discurriendo por la mesa cual pelotón a la caza de un escapado. Como el avituallamiento sólido no parecía haber sido suficiente para semejante grupo de ciclistas (del líquido estábamos bien surtidos) dimos buena cuenta de dos hermosas paellas preparadas por José (el dueño del local). Chusmi se encargó de completar la tarde preparando un espectacular sorbete de cava. La idea inicial de guardar un poco para que los que se quedaron en Pamplona pudieran probarlo, fue desechada por unanimidad de todos los asistentes, acordando dar buena cuenta de tan dulce néctar que con tanto cariño había preparado nuestro compañero de pelotón.

Esta es solo una pequeña pincelada de lo que aconteció esa tarde. El relato pormenorizado es ciertamente complicado (pues nos levantamos pasadas las ocho de la tarde), además de que la autocensura me obliga a callarme el relato del resto de los hechos de la tarde. El que quiera saber qué pasó, que venga a Cambrils y que lo viva en primera persona.

Para recuperar la compostura fue necesario darse un baño en la piscina a la luz de la luna, antes de ir a la cama, a reponer fuerzas, pues el día siguiente nos esperaba otra dura etapa a los socios del Egüesibar.

El 7 de julio amanece completamente despejado y sin rastro de aire. Tras desayunar y prepararnos, a las 8,45 nos encontramos Hektor, Chusmi y yo mismo subidos a nuestras monturas de carbono para comenzar una nueva aventura ciclista en tierras tarraconenses. Chusmi y Hektor iban impecablemente vestidos con los colores del Caisse d’Epargne y yo con los colores de Navarra (con escudo toro y pañuelico de Sanfermín incluido). Para evitar tener que tirar en los primeros kilómetros de etapa, ya había mandado por delante a mi coequipier, Marian, para preparar mi fuga y poder juntar nuestras fuerzas y consolidar una importante escapada. Sin embargo, los dos Caisse d’Epargne, siguiendo las órdenes que desde el Tour les mandaba Eusebio Unzué, comenzaron a tirar y finalmente, antes de llegar a Montbrió dimos caza a Marian y la dejamos atrás, siguiendo su ritmo de recuperación. El pelotón principal sigue a buen ritmo, dejando atrás Montbrió, Riudecanyes y completando la ascensión a la presa. Afortunadamente en el embalse la sombra nos acompaña durante un buen número de kilómetros. Al llegar a Duesaigües comenzamos la ascensión del día: el puerto de la Teixeta. Chusmi se escapa y Hektor se queda conmigo, subiendo el puerto a ritmo de SEAT 600. Coronamos el alto y tras un merecido descanso descendemos el puerto y nos detenemos en Duesaigües a reponer agua, pues ya el termómetro marcaba 32 grados. Miramos si Marian se encuentra por la zona, pero no la vemos por ninguna parte. Al bajar la presa nos pasan de muy malas maneras dos ciclistas. En el llano los tenemos a 50 metros. Hektor y yo planteamos cazarlos y colocarnos a rueda, sin embargo, la mente calenturienta de Chusmi concibe otro plan: lo mantiene a tiro durante unos kilómetros y, finalmente, bajamos un piñón y, a ritmo, le damos caza. Nos colocamos a rueda, haciendo un pequeño abanico y el pobre mete la cabeza en el manillar, pero no consigue soltarnos de rueda, a pesar de intentarlo con todas sus fuerzas en el repecho del paso de la autopista. Para las 11,30 llegamos a Cambrils, contentos como unas pascuas y quedando para la etapa de mañana, que partirá desde la misma localidad hacia… ¿?

El resto del día se aprovecha por estos esforzados ciclistas para estar con la familia, ir a la playa y sufrir con los maravillosos paisajes que tenemos por aquí.

Y hasta aquí llega la historia de estos dos días. Veremos a dónde nos lleva el GPS mañana.

Por cierto, felicidades, desde la Torre de l’Esquirol para Fermín, el hijo pequeño de Hektor y Montse.

Nota: este texto ha recibido el Nihil Obstat por parte de Marian, y, por tanto, puede ser publicado sin inconvenientes en el Blog.

Carlos B.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.